La otra cara de la Navidad

 

Últimamente, como la mayoría de vosotr@s, estoy inmersa en la búsqueda de los regalos perfectos para la familia, y dándome una vuelta por internet, me topé con la nueva campaña de ikea. Campaña en la que le pide a los niños que escriban la otra carta, una carta para sus padres. Este hallazgo me ha hecho reflexionar en lo que se ha convertido la navidad y el mundo que nos rodea en general, y quería compartirlo con tod@s vosotr@s.

Resulta que en la carta que escribieron l@s niñ@s a sus padres lo que venían a pedir era pasar más tiempo con ell@s, y lo más sorprendente de todo, es que cuando les pidieron que escogieran entre una de las dos cartas, la de los reyes magos y la de los padres, todos se quedaban con la segunda opción.

Estamos tan preocupados por lo material, que la mayoría de las veces se nos olvida que lo realmente importante en cualquier tipo de relación que mantenemos, ya sea entre padres e hijos, amistosa o amorosa, es el tiempo de calidad que dedicamos a ellas. Estamos tan preocupados por conseguir la última novedad de cualquier tipo, que se nos olvida sacar un hueco en nuestra apretada agenda para visitar a esos familiares que hace tiempo que no vemos, tomarnos un café con los amigos o simplemente pasar el rato jugando con los más pequeños de la familia.

Pensaba escribir un post recomendándoos alguna flamante tienda para la compra de última hora de vuestros regalos navideños, pero en el proceso eché la vista atrás y me di cuenta de que los mejores regalos, los que más felicidad habían creado, eran aquellos en los que había regalado vivencias.

Si, vivencias. Sin ir más lejos, hace un par de años, mi pareja y yo estábamos buscando un regalo para sus sobrinas, pero no encontrábamos nada que a nuestro juicio les pudiera gustar. Y entonces, de repente, se hizo la luz! El circo de los horrores había llegado a Sevilla, así que decidimos que esa era la opción: llevarlas a ver el circo de los horrores y luego invitarlas a merendar. Las engañamos, les compramos unas pelucas y les dijimos que íbamos a un concurso en el que teníamos que cantar una canción. El coche que llevábamos no tenía radio y las hicimos que fueran practicando todo el camino (con el correspondiente lote de reír) y las hicimos ir andando hasta el circo peluca en cabeza (más risas, por supuesto). La función la verdad es que estuvo muy bien y no pararon de gritar y de subirse encima nuestra. Han pasado unos años y tod@s lo recordamos como si fuera ayer y se nos sigue asomando una sonrisa a la cara.

Creo que este año la mejor recomendación que os puedo dar es que regaléis tiempo. Lo material se termina estropeando o perdiendo, los recuerdos perduran para siempre en nuestros pensamientos y nuestros corazones.

Feliz miércoles y felices fiestas!

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